Los refuerzos de la rodilla. Ligamentos Cruzados.

La rodilla es una de las articulaciones más complejas de nuestro organismo, aunque pueda parecer lo contrario por la sencillez de su movimiento, únicamente permite flexionar y extender y un grado mínimo de rotación. Estructuralmente la rodilla está preparada para moverse en todos los planos posibles, se podrían producir desplazamientos laterales y anteriores y posteriores de la tibia sobre el fémur, rotaciones amplias y por supuesto la flexión y la extensión. Sin embargo existen una serie de ligamentos que refuerzan la articulación y que limitan sus movimientos. En un post anterior vimos los ligamentos laterales y ahora veremos los ligamentos cruzados.

 

Ligamento cruzado anterior

Es probablemente el ligamento más importante de la rodilla, se llama cruzado porque se cruza entre sí con el ligamento cruzado posterior, nace en la parte anterior de la tibia y se dirige hacia atrás para insertarse en una carilla posterior del fémur. Su función es la de evitar el desplazamiento anterior de la tibia respecto al fémur.

 Este ligamento se puede romper tanto con traumatismo de alta y de baja energía, pero lo habitual es que ocurra tras un cambio brusco de dirección con la rodilla fija en el suelo. También se puede lesionar a veces con la pierna en el aire, al contraer con mucha brusquedad el cuádriceps, un shoot al aire en futbol. Se suele lesionar en su porción media más que en los extremos.

Clínica:

Normalmente la persona que sufre una lesión de LCA, se da cuenta de que algo se ha roto, hay una sensación de fallo, de inestabilidad, hay dolor pero no demasiado intenso. Se produce derrame articular en torno a las 12h después.

Diagnóstico:

Existen numerosas pruebas para evidenciar la lesión de este ligamento. Test de Lachman, test de cajón anterior, pivot shift, son algunas de ellas, en todas se trata de traer hacia delante la tibia sobre el fémur, incorporando rotación o sin ella, si el movimiento que se produce es demasiado exagerado respecto al normal, la prueba es positiva.

Si queremos confirmarlo con exploraciones complementarias, las radiografías sólo mostrarán si hay arrancamientos óseos asociados. Con la Resonancia obtenemos una imagen clara y concisa de lo ocurrido y la artroscopia se usará como prueba exploratoria al mismo tiempo que sirve para reconstruir las estructuras dañadas.

Dentro de las lesiones más graves que se puede dar, tenemos que hablar de la triada, que consiste en la rotura del ligamento lateral interno, lesión del ligamento cruzado anterior y de menisco interno, debido a esas fibras del LLI que lo unen a la cápsula articular, menisco y LCA, requiere siempre de cirugía y una larga rehabilitación.

La mayoría de cirugías en este tipo de lesiones son de sustitución, se cambia el ligamento dañado por injertos de tendón rotuliano, de LCA de cadáveres, de tendón de “pata de ganso” y otras más. Posteriormente se inicia la rehabilitación precoz que va destinada a controlar la inflamación y el derrame lo que mejorara la movilidad inicial, a base de crioterapia. Se realizará deambulación prematura que favorece la recuperación del tejido. Recuperar los grados de movimiento. Realizar un programa intensivo de electroestimulación y ejercicios de potenciación para proteger el injerto

Aunque se quiera acelerar mucho la recuperación, se estima que la vascularización idónea del injerto se produce entre el 4º y el 6º mes, por tanto forzar por encima de esos límites puede hacer fracasar la operación.

 

Ligamento Cruzado posterior

Este ligamento tiene como función principal evitar el desplazamiento posterior de la tibia sobre el fémur. Va desde la parte posterior de la tibia y se cruza hacia delante para insertarse en la parte anterior del fémur.

Se lesiona con mucha menos frecuencia que el anterior, el mecanismo típico se produce con la rodilla flexionada a 90º, la tibia es empujada hacia dentro con violencia (accidentes de tráfico).

 

Clínica:

La persona que lo sufre refiere tumefacción leve, intenso dolor a diferencia del LCA, e impotencia funcional, lo más característico es dolor que aumenta al andar o al bajar escaleras, además de inestabilidad. Hay derrame pequeño y progresivo.

 

Diagnóstico:

Las maniobras más conocidas son el test del cajón posterior, con la rodilla flexionada en torno a 90 grados desplazamos la tibia hacia atrás, se apreciará traslación de la tibia sobre fémur. El signo de caída posterior consiste en que al tumbar a la persona con la cadera y rodilla flexionada a 90 grados, se aprecia como la tibia desciende.

Se confirmará de la misma forma que el LCA.

Tratamiento:

Será muy similar al LCA, mediante artroscopia se realiza la sustitución del ligamento por injertos que se pueden extraer del propio paciente mediante tendón rotuliano o pata de ganso o de cadáveres u otras alternativas. Posteriormente se inicia la rehabilitación, primero controlar el derrame y la inflamación y posteriormente reforzando la articulación, fortaleciendo musculatura para proteger el injerto. Realizar movilizaciones pasivas de la articulación para recuperar toda su amplitud.

Acerca de franfisio81

Fisioterapeuta 653 CLM.

Publicado el 20 de marzo de 2012 en Generalidades y etiquetado en , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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