Falsos mitos de la medicina.

1. Sólo se usa el 10% del cerebro.

La creencia de que el ser humano sólo utiliza un 10% de su cerebro ha persistido durante un siglo, a pesar de los avances considerables de la neurociencia.cerebro

El profesor de la Simon Fraser University Barry Beyer- Stein ha estudiado el origen de este mito y la evidencia que lo desmonta. La creencia se propagó por varias fuentes para llamar la atención sobre las posibilidades de la auto-mejora y fomentar las habilidades latentes de las personas.

Sin embargo, las evidencias provenientes de estudios sobre el daño cerebral, así como las pruebas de diagnóstico por imagen hechas en este órgano, desvelan que las personas usan mucho más del 10% del mismo. De hecho, el daño a casi cada área del cerebro afecta a las capacidades mentales, vegetativas y de comportamiento humano, lo que demuestra que ninguna parte del cerebro está completamente inactiva. Otra cosa bien diferente es que actualmente los investigadores en neurociencia no sean capaces de entender al 100% el funcionamiento del cerebro, pero en ningún caso estamos tan lejos de entenderlo por completo.

2. El pelo y las uñas crecen tras la muerte.

Es uno de los mitos más morbosos y más extendidos. Según el antropólogo forense de la Universidad de Florida William Maples “se trata de una imagen muy poderosa, pero es un espejismo”. Este mito se basa en un fenómeno biológico que sí se da tras la muerte.

La deshidratación del cuerpo hace que la piel seca se retraiga alrededor del pelo y de las uñas, lo que puede crear la apariencia de un aumento de longitud o prominencia de estas estructuras de queratina, debido sobre todo al contraste. Sin embargo, el crecimiento de la piel y las uñas requiere de una compleja regulación hormonal, que no se sostiene después de la muerte.

3. Leer con poca luz arruina la vista.

La idea de que leer con una luz tenue puede ser perjudicial para la vista puede tener su origen en la experiencia de sentir fatiga visual, ya que cuando la luz no es la adecuada, puede tenerse la sensación de que existen dificultades para enfocar correctamente. ojos cansados

Además, en tales circunstancias se reduce la tasa de parpadeos, lo que provoca cierta incomodidad, debido a que los ojos se resecan. Sin embargo, tal como destacan los científicos, lo cierto del asunto es que estos efectos no son en ningún caso persistentes.

Según la mayoría de los oftalmólogos, leer bajo una luz débil no daña los ojos, ya que, aunque puede provocar fatiga visual, no es probable que sea responsable de causar un cambio permanente en el funcionamiento o estructura oculares. Incluso en pacientes con enfermedades oculares, la fatiga visual causada al leer remite al dejar el libro.

4. El pelo crece más fuerte tras afeitarse.

La creencia, bastante extendida, de que el cabello vuelve a crecer más rápido, fuerte y oscuro tras afeitarse tampoco puede sostenerse, según las evidencias científicas disponibles, aunque se trata de una idea reforzada por la propia percepción sobre la velocidad a la que parece crecer el vello corporal.

Ya en 1928, un ensayo clínico demostró que el hecho de afeitarse no tenía ningún efecto sobre el crecimiento posterior del pelo. Estudios más recientes han reforzado esta hipótesis, en el sentido de que, tras un afeitado, ni el grosor ni la velocidad de crecimiento del pelo se ven afectados.

De hecho, durante el afeitado se elimina la parte muerta del cabello y no la sección viva, que se mantiene bajo la piel. Lo que sí es cierto es que el pelo cortado no tiene el extremo tan fino como antes del afeitado y que su color es más oscuro porque aún no le ha dado el sol.

5.  El peligro del móvil en los hospitales.

Aunque muchos hospitales prohiben el uso de teléfonos móviles en sus instalaciones, ante el temor de que puedan interferir en el funcionamiento de aparatos, sobre todo en unidades de cuidados intensivos, existen pocas evidencias que justifiquen estas medidas.

Estudios recientes realizados en Reino Unido han demostrado que los móviles causan interferencias en un 4% de los dispositivos y sólo a una distancia inferior a un metro. Además, sólo en un 0,1% de los casos se registran daños graves.

Hay que tener en cuenta que las mejoras técnicas registradas en los últimos tiempos han permitido reducir incluso los más mínimos efectos. Otros estudios señalan incluso que el uso de teléfonos móviles por parte de médicos reduce el riesgo de errores clínicos provocados por falta de comunicación.

6. Los chasquidos de las articulaciones dañan los huesos.

Los chasquidos que oímos en las articulaciones, sobre todo en los dedos, no son más que burbujas de aire (nitrógeno) que se forman en el interior de las chasquidosdedosarticulaciones y que cuando realizamos algún movimiento las hacen explotar, como si un plástico de embalaje se tratase. No hay ninguna evidencia, ni ningún caso en el que se hayan producido daños ni en la articulación ni en los huesos por los chasquidos.

7. Hay que beber 8 vasos de agua al día.

Seguro que todos hemos oído recomendaciones referidas a la cantidad de agua que se debe beber al día, concretamente hubo una corriente muy extendida que defendía la necesidad de beber exactamente 8 vasos de agua al día. Al parecer la recomendación se remonta al año 1945 en el que se remarcaba que un adulto necesita consumir un mililitro de agua por cada caloría de alimentos, lo que equivale aproximadamente a unos 2,5 litros de agua diarios. Por otra parte, el nutricionista Frederick Stare, recomendaba sin base alguna, consumir de seis a ocho vasos de agua diarios.

En condiciones normales, las necesidades diarias de ingesta de líquidos se cumplen sin problemas con una dieta equilibrada y con la ingesta habitual de agua y de otros líquidos como leche, zumos o infusiones. La cantidad de agua que se ingiere debe adecuarse a las condiciones de temperatura y actividad física, ya que en ambientes calurosos o en caso de abundante sudoración, las pérdidas hídricas por el sudor son mayores por lo que se necesitará un mayor aporte de líquidos.

Beber agua en exceso no reporta beneficios salvo en casos concretos y, además, en pacientes con insuficiencia cardiaca o insuficiencia renal puede resultar perjudicial por la dificultad que les supone eliminar los líquidos que se ingieren en exceso. La cantidad de agua a ingerir se debe ajustar a cada caso, depende de la persona, de su situación, del clima, de su actividad física y la existencia de enfermedades, pero nunca se puede generalizar la necesidad de beber esa cantidad de agua.

Acerca de franfisio81

Fisioterapeuta 653 CLM.

Publicado el 9 de abril de 2013 en Curiosidades y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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