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¿Qué es realmente un “ataque de ciática”, tiene solución? Descubre como tratarla.

Muchos hemos oído hablar en algún momento a gente que dice haber sufrido la ciática o un ataque de ciática. ¿En que consiste exactamente este cuadro?. El nombre correcto debería ser ciatalgia, haciendo referencia a un dolor que se prolonga a lo largo del recorrido del nervio ciático, dolor en relación al nervio ciático.

 

El nervio ciático es el más largo y el de mayor diámetro de los nervios periféricos que hay en el cuerpo. Nace a nivel de la pelvis, y entra en la región glútea a través de un paso estrecho llamado agujero ciático mayor, justo por debajo del músculo piriforme, que como veremos posteriormente tiene su importancia, ya que en muchos casos es el causante del dolor que se transmite a lo largo de toda la pierna.

El nervio sigue discurriendo por la parte posterior del muslo, inervando a todos los músculos que flexionan la rodilla y todos los músculos que mueven el tobillo y pie, de forma que cualquier daño en este nervio va a provocar dolor e impotencia funcional a estos niveles.

El nervio ciático en la parte posterior de la rodilla, hueco poplíteo, se va a dividir en sus dos ramas terminales, Nervio tibial y nervio peroneo común.

El hecho de que sea un nervio tan grueso y tan largo hace que en muchos lugares resulta vulnerable, o bien porque transcurre por pasos estrechos o porque queda expuesto a posibles traumatismos y puede dañarse con relativa facilidad.

 

Hace bastantes años no se conocía con tanta precisión la localización del nervio ciático respecto a la masa glútea y fueron muchas las personas afectadas, que por negligencia, se les pinchaba al azar y podían perforar con la aguja al nervio ciático, produciendo cojeras de por vida. Hoy día con la regla de los cuadrantes, esto no ocurre.

 

 

 

 La función esencial de un nervio es recoger la sensibilidad de una zona determinada y enviarla al cerebro para que procese esa información, la devuelva nuevamente y produzca una contracción muscular o una secreción a nivel de una glándula, dependiendo de adonde vaya a parar esa fibra nerviosa. Por tanto una lesión en un nervio, producirá alteraciones en la sensibilidad y alteraciones en la contracción muscular.

 

El nervio ciático discurre por varias zonas vulnerables donde puede sufrir atrapamientos.

En primer lugar nada más nacer de la médula espinal y salir por el agujero de conjunción de la vértebra correspondiente, puede ser atrapado si la altura entre vértebras está disminuida, caso de procesos degenerativos, o comprimido por el contenido del disco intervertebral en las hernias, procesos inflamatorios que asienten en la zona o tumorales, estrechamientos del canal raquídeo.

Posteriormente cuando atraviesa el agujero ciático mayor, puede ser atrapado si el músculo piriforme está contracturado, al reducirse el diámetro del canal, el nervio es aplastado entre el hueso y el músculo.

 

 

Clínica:

La clínica más evidente es la de dolor e impotencia funcional, en fases iniciales, sentiremos un hormigueo, una sensación de entumecimiento. Esta sensación pasará a ser un dolor constante punzante, que puede ser leve o puede ser totalmente incapacitante, impidiendo a la persona incluso el caminar. El recorrido del dolor nace en la zona lumbar y se extiende por todo el trayecto del nervio.

Tratamiento:

Primero habrá que distinguir cual es la causa exacta que origina la ciatalgia, puesto que la neuralgia de un nervio, nunca es una patología, es la consecuencia de una patología. Dependiendo del causante, dependerá el tratamiento. Todas aquellas ciatalgias causadas por procesos degenerativos, tumorales, estrechamiento canal raquídeo, traumatismo de gran inercia o fracturas de pelvis o vertebras, requerirán un tratamiento médico y en muchos casos únicamente quirúrgicos.

Los cuadros causados por procesos inflamatorios a nivel lumbar y sobre todo el Síndrome piriforme, responden muy positivamente a los tratamientos de fisioterapia.

Técnicas de alivio del dolor: TENS, Interferenciales, C. Trabert

Técnicas de Calor local: Infrarrojo, Onda corta o Microondas.

Técnicas de manipulación: Terapias manuales, masoterapia tradicional.

 

Codo de golfista. Además de deportistas, afecta a gente con trabajos repetitivos de brazos.

Codo de golfista es el nombre vulgar que se le da a la epitrocleitis. La epitrocleitis consiste en la inflamación de una serie de músculos que tiene su origen en un lugar concreto del húmero (brazo), la epitróclea, algunos autores, le dan el nombre de epicóndilo medial.

 

En el extremo final del húmero existe dos prominencias óseas, una interna llamada epitróclea o epicóndilo medial según autores, y otra externa llamada epicóndilo o epicóndilo lateral. En este resalte óseo interno, nacen una serie de músculos, que de forma genérica van a recibir el nombre de flexores, por su acción sobre el codo. Estos músculos son: Pronador Redondo, Palmar mayor, Palmar menor, Flexor común superficial de los dedos, Cubital anterior.

Se tratan de músculos biarticulares, es decir que atraviesan dos articulaciones y por tanto realizan una acción en cada una de ellas, sin entrar en detalles, son flexores de codo y flexores de muñeca.

Se le llama codo de golfista, porque es una patología muy frecuente en este deporte, pero no sólo la pueden padecer los jugadores de golf, cualquier persona que lleve a cabo trabajos repetitivos solicitando en exceso la flexión de codo, puede padecerla. Las causas más frecuentes son estas:

–       Movimientos repetitivos: uso de taladradoras, martillos, limpiar cristales, barrer, fregar, planchar, cargar maletas…

–       Vibración: Trabajar con maquinaria que emite potentes vibraciones que son trasmitidas y amortiguadas por el codo, martillos neumáticos, hachas en carnicerías, taladradoras

–       Traumatismos: por caídas o golpes directos sobre la zona.

–       Cargar excesivo peso: aumenta la tensión en los músculos de la zona.

–       Mala técnica deportiva: Un gesto deportivo, mal hecho y repetivo, con mucha fuerza puede ocasionar la aparición de este problema en pocos días. Añadiremos aquí también que un material deportiva induce a padecer antes estos problemas.

–       Problema cervical: posible dolor referido, neuralgia cervico-braquial.

Como se puede apreciar, los mecanismos de producción son los mismos que en epicondilitis, esto se debe a que los movimientos de este tipo suelen solicitar tanto la flexión como la extensión a partes iguales, y por tanto pueden aparecer epicondilitis o epitrocleitis e incluso las dos.

Clínica:

El paciente presenta dolor a nivel de la epitróclea, de aparición paulatina que se incrementa con la flexión de muñeca y dedos en contra resistencia. Hay dolor a la palpación local en la zona. En ocasiones este dolor puede irradiarse distalmente hacia el antebrazo. Existen una serie de pruebas que sirven para apoyar el diagnóstico. Se pide al paciente que con el codo flexionado haga una extensión de palma de la mano contra fuerte resistencia, si aparece dolor en epicóndilo, la prueba es positiva. Ahora le pedimos que haga lo mismo pero se hace una flexión, si aparece dolor, la prueba es positiva para epitrocleitis

La RMN, La ecografía y los Rx, pueden complementar el diagnóstico.

Tratamiento:

Evitar las cargas excesivas de trabajo sobre la zona, corregir los malos gestos, evitar los movimientos repetitivos. Si comienzan a aparecer los síntomas propios de la enfermedad, colocar hielo tras la actividad, acordarse de calentar bien la zona y realizar estiramientos sobre todo al terminar.

Si no resulta suficiente hay que acudir a la fisioterapia, mediante la utilización de medidas antinflamatorias y terapia manual, los resultados pueden ser muy buenos, hasta la curación total, en pocas sesiones.

En caso de fracaso de las medidas preventivas y las rehabilitadoras, habrá que recurrir a los tratamientos médicos cruentos como las infiltraciones de corticoides o de factor de crecimiento.

La importancia de este cuadro radica en primer lugar en la necesidad diaria e inevitable de tener que usar los brazos en todas nuestras actividades de la vida diaria y la articulación del codo, es imprescindible mantenerla en buenas condiciones. Si no se corrige a tiempo y la inflamación progresa hasta proceso crónico, podemos encontrarnos que como consecuencia de un proceso inflamatorio mantenido, las fibras musculares pueden ser sustituidas por depósitos de calcio, se calcifica el tendón, la única solución ante esto, si la tuviera, es la cirugía de limpieza.

Como ocurre muchas veces con las tendinitis, son dolorosas pero en fases iniciales no incapacitantes, no se les presta atención hasta que el dolor es insoportable o la impotencia funcional invalidante. Tendemos a dejar que las cosas curen solas, es un error muy común.

El codo de tenista no sólo afecta a deportistas. Es más común de lo que parece.

Codo de tenista es el nombre vulgar que se le da a la epicondilitis. La epicondilitis consiste en la inflamación de una serie de músculos que tiene su origen en un lugar concreto del húmero (brazo), el epicóndilo.

En el extremo final del húmero existe dos prominencias óseas, una interna llamada epitróclea o epicóndilo medial según autores, y otra externa llamada epicóndilo o epicóndilo lateral. En este resalte óseo externo, nacen unos músculos que se van a extender hasta la mano. Los músculos radiales 1º y 2º, extensor común de los dedos y cubital posterior, de forma genérica llamados extensores del codo, son los implicados en este caso.

Se tratan de músculos biarticulares, es decir que atraviesan dos articulaciones y por tanto realizan alguna acción sobre ambas. Por una lado son extensores del codo y por otro extensores de la mano y los dedos.

Se le llama codo de tenista, porque es una patología muy frecuente en este deporte, pero no sólo la pueden padecer los tenistas, cualquier persona que lleve a cabo trabajos repetitivos solicitando la extensión de codo, puede padecerla. Las causas más frecuentes son estas:

–       Movimientos repetitivos: uso de taladradoras, martillos, limpiar cristales, barrer, fregar, planchar, cargar maletas…

–       Vibración: Trabajar con maquinaria que emite potentes vibraciones que son trasmitidas y amortiguadas por el codo, martillos neumáticos, hachas en carnicerías, taladradoras

–       Traumatismos: por caídas o golpes directos sobre la zona.

–       Cargar excesivo peso: aumenta la tensión en los músculos de la zona.

–       Mala técnica deportiva: Un gesto deportivo, mal hecho y repetivo, con mucha fuerza puede ocasionar la aparición de este problema en pocos días. Añadiremos aquí también que un material deportiva induce a padecer antes estos problemas.

–       Problema cervical: posible dolor referido, neuralgia cervico-braquial.

Por tanto, la solicitación excesiva de estos músculos, la transmisión de vibraciones constantes, los golpes directos y un mal gesto técnico van a provocar el progresivo deterioro de las fibras musculares y tendinosas de este grupo muscular.

Clínica:

Dolor intenso en la zona, tanto al contraer estos músculos, como al presionar sobre la zona, el dolor puede ser tan intenso que puede impedir la extensión total del codo, dificultar coger objetos y realizar trabajos con ese brazo. El dolor se puede extender desde el lugar de origen, el epicóndilo hasta la mano.

El resto de clínica es la propia de las inflamaciones, el aumento del diámetro de los tendones, la irritación de la zona, el aumento de temperatura local, el dolor, la impotencia funcional.

Tratamiento:

Evitar las cargas excesivas de trabajo sobre la zona, corregir los malos gestos, evitar los movimientos repetitivos. Si comienzan a aparecer los síntomas propios de la enfermedad, colocar hielo tras la actividad, acordarse de calentar bien la zona y realizar estiramientos sobre todo al terminar.

Si no resulta suficiente hay que acudir a la fisioterapia, mediante la utilización de medidas antinflamatorias y terapia manual, los resultados pueden ser muy buenos, hasta la curación total, en pocas sesiones.

En caso de fracaso de las medidas preventivas y las rehabilitadoras, habrá que recurrir a los tratamientos médicos cruentos como las infiltraciones de corticoides o de factor de crecimiento.

La importancia de este cuadro radica en primer lugar en la necesidad diaria e inevitable de tener que usar los brazos en todas nuestras actividades de la vida diaria y la articulación del codo, es imprescindible mantenerla en buenas condiciones. Si no se corrige a tiempo y la inflamación progresa hasta proceso crónico, podemos encontrarnos que como consecuencia de un proceso inflamatorio mantenido, las fibras musculares pueden ser sustituidas por depósitos de calcio, se calcifica el tendón, la única solución ante esto, si la tuviera, es la cirugía de limpieza.

Como ocurre muchas veces con las tendinitis, son dolorosas pero en fases iniciales no incapacitantes, no se les presta atención hasta que el dolor es insoportable o la impotencia funcional invalidante. Tendemos a dejar que las cosas curen solas, es un error muy común.

La cifosis. Menos graves que las escoliosis, pero más dolorosas.

Nuestra columna en condiciones normales tiene 4 curvas, dos cifosis y dos lordosis, lordosis cervical, cifosis dorsal, lordosis lumbar y una última cifosis sacra.

Estas curvas existen para dotar de mayor resistencia a la columna, que de esta forma multiplica por 10 su capacidad para aguantar pesos. Pero cada una de estas curvas debe tener una angulación determinada, cuando se aumentan las curvas hablamos de hiper- lordosis o cifosis, y cuando se disminuyen hablamos de hipo- lordosis o cifosis o rectificaciones.

En el caso de la conocida como chepa o giba, hablamos de una hipercifosis, y casi siempre será dorsal. Al igual que ocurre con la escoliosis, tenemos que hablar por un lado de las actitudes cifóticas y por otro lado de cifosis estructuradas. Las primeras de ellas son las más leves y se pueden corregir. Se trata de una mala postura mantenida que hace al paciente inclinarse excesivamente y aumenta su curva dorsal, esto ocurre por imitación, por vergüenza (en niñas por el desarrollo del pecho), inconscientemente, por malos hábitos al sentarse. En definitiva un mal esquema corporal que debemos corregir sino queremos que evolucione a cifosis estructurada.

En la Cifosis estructurada, la persona aunque intente corregir su postura, no es capaz de llevar su columna a límites fisiológicos.

Afecta más al sexo femenino y se suele detectar en la adolescencia. Las principales causas son las que hemos visto, mala postura, malos hábitos, también debilidades musculares, genética… Hay un tipo especial que se considera una enfermedad aparte que es la enfermedad de Scheuermann, probablemente sea la forma más grave de presentación, aparece en adolescentes, es dolorosa y evoluciona muy rápidamente.

A diferencia de la escoliosis, a la que solemos prestarle más atención, las cifosis si son dolorosas tanto a corto plazo como a largo plazo, provocarán contracturas musculares por mala disposición de los músculos y tardíamente la lesión de la parte anterior de los discos intervertebrales.

Una vez sospechamos que estamos ante una hipercifosis o cifosis a secas, acudimos al traumatólogo para confirmarlo. Se confirma el diagnóstico mediante la realización de la medición de flechas sagitales, midiendo con una plomada y una regla milimetrada, siguiendo los parámetros obtenidos y una fórmula se consigue el índice cifótico, a continuación se le pide al paciente que ahora corrija la postura todo lo que pueda, se vuelve a medir, las flechas sagitales autocorregidas, se obtiene el índice cifótico autocorregido (ICA), dependiendo de los valores, se establece si la cifosis es real o sólo actitud. Se pueden medir las curvas con inclinómetro. Finalmente para confirmar con certeza el diagnóstico, se piden radiografías y se miden los ángulos con el método de Cobb.

Una vez establecido el diagnóstico, hay que llevar a cabo el tratamiento. Lo principal será modificar el esquema corporal y adoptar medidas de higiene postural, por tanto, es necesario integrar las posturas correctas para ir desechando las incorrectas, muy importante en este caso el trabajo de columna delante de un espejo.  En la fisioterapia recae la gran parte del tratamiento, tanto de enseñanza de posturas correctas como en la realización de cinesiterapia (terapias basadas en el movimiento), que buscarán potenciar los músculos extensores de columna y los de alrededor de la escápula, reforzar abdominales y paravertebrales lumbares. Se buscará flexibilizar y elastificar los músculos acortados (ojo al síndrome de cortedad isquiosural, puede estar detrás de falsas cifosis). Por último flexibilizar la columna mediante ejercicios globales inespecíficos.

Las cifosis son muy frecuentes, con frecuencia pasan desapercibidas por obsesionarnos en encontrar escoliosis. La mayor parte son sólo actitudes cifóticas, pero sino se tratan la tendencia es a empeorar, sobre todo durante la pubertad. Suelen provocar dolor cervical, dorsal y/o lumbar. Es necesario proceder a su pronta identificación para la pronta instauración del tratamiento, cuanto más precoz más eficaz.