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Artrosis o Artritis. Errores frecuentes, aprende a diferenciarlas.

Son muchas las personas que de una forma u otra padecen los efectos de las artritis o de las artrosis. No son lo mismo, sin embargo en el lenguaje de la calle se suelen utilizar de manera indiferente para referirnos a cualquier proceso inflamatorio y doloroso, especialmente cuando hablamos de deformidades en las manos, donde podemos escuchar frases como, eso es artrosis, eso es artritis o eso es reuma.

ARTRITIS

De todos es sabido que en el argot médico, el sufijo -itis, significa inflamación, y en este caso, el prefijo artro-, articulación, con lo que concluimos que una artritis es una inflamación de una articulación. Esta es la gran diferencia precisamente con la artrosis, que muy al contrario de la artritis, no cursa con inflamación, sino que se trata de un proceso de desgaste, degenerativo como veremos a continuación.

La inflamación de una articulación puede ser ocasionada por diferentes agentes y por tanto es muy importante que después de la palabra artritis añadamos el motivo, para así concretar mucho mejor que está provocando esa inflamación.

 

Artritis traumática: un proceso inflamatorio que asienta en una articulación y que está originado por un golpe o traumatismo. El tratamiento será agudo, de choque, y el pronóstico bueno.

 

Artritis reumática o reumatoide: Inflamación articular causada por procesos autoinmunes, el propio cuerpo reacciona contra sí mismo, provocando daños en el propio organismo, aún no se conoce muy bien ni que la desencadena ni como combatirla, por tanto el tratamiento es crónico, se lucha contra los brotes con corticoterapia y medidas análgesicas en las que también se incluye la fisioterapia y hay que aprender a convivir con ella, no tiene cura a día de hoy y progresa paulatinamente. Probablemente es la más conocida y su carácter crónico hace que lo veamos como enfermedad de viejos que no tiene cura, pero también afecta a personas de mediana edad. Aquí enmarcaríamos un tipo especial que es la artritis reumatoide juvenil. 

Artritis gotosa: En esta ocasión, la inflamación la causa el acúmulo de ácido úrico en el organismo como resultado del metabolismo de proteínas, es decir, el abuso en el consumo de proteínas conduce a un posible fracaso renal, con acúmulo de ácido úrico, este ácido úrico se cristaliza en algunas articulaciones y produce “la gota”, tan dolorosa y limitante, antiguamente conocida como enfermedad de reyes, de predominio en la articulación metatarsofalángica del dedo gordo del pie. Buen pronóstico con dieta y uso e hipouricemiantes. También sirve de ayuda el uso de AINEs tópicos, y alguna medida física de controlo de inflamación.

Artritis infecciosa: el agente causante es microorganismo patógeno, bacterias sobre todo, o virus. El tratamiento será antibióticos por via oral, y en casos muy resistentes inyectado sobre la articulación. Existen infecciones muy resistentes en las que la bacteria se encapsula dentro de la articulación y precisa de cirugía y meses de ATBs para corregirla, el caso de la Brucella en infecciones de discos intervertebrales.

Osteoartritis:

Este concepto de artritis, probablemente sea el más parecido a la artrosis, el que más tengo en común. Se asocia a la edad avanzada, como consecuencina del desgaste del cartílago articular que recubre los extremos óseos, se produce una deformación de las superficies articulares, que cursa con dolor, deformidad, impotencia funcional e inflamación. Dado que su origen parece estar relacionado con la edad y con procesos degenerativos, no existe tratamiento curativo, pero si paliativo, análgesicos, antinflamatorios y todas las medidas físicas encaminadas al control del dolor y la inflamación.

ARTROSIS

Se trata de un proceso degenerativo, de desgaste y destrucción del cartílago que existe en los extremos óseos de los huesos que conforman una articulación. Una articulación es la unión de uno o más huesos, que se unen principalmente para producir movimiento. Podríamos dedicar páginas a hablar de tipos de articulaciones, por lo que nos centramos en las sinovales, aquellas en que dos huesos se unen por sus extremos y estos son envueltos por una cápsula articular, dentro de la cual fluye el líquido sinovial.

Estos dos huesos, en sus extremos y dentro de la cápsula articular, poseen un revestimiento de cartílago que junto al líquido sinovial, buscan reducir la fricción entre las piezas óseas cuando éstas entran en funcionamiento. Con el paso de los años, el estrés repetitivo de acciones diarias, laborales, deportivas y cotidianas, influenciados por agentes externos, como sedentarismo, obesidad, alimentación, etc… esa fina capa que recubre los huesos, se desgasta, se deforma y finalmente se destruye.

El cuerpo no tiene la capacidad de regenerar este tipo de tejidos, por lo que es un proceso degenerativo. Los huesos entrarán en contacto directo, rozando el uno con el otro, produciéndose la deformación de los extremos de los huesos, lo que ocasiona intenso dolor. Esto es la artrosis, la degeneración del cartílago articular. Se trata de proceso degenerativo crónico, sin tratamiento curativo, sólo paliativo, se trabaja contra el dolor, tomamos medidas farmacológicas y fisioterápicas para controlarlo. Cuando el dolor y la deformidad son insoportables, se plantea la cirugía de sustitución con prótesis.

En resumen, la característica principal de la artritis es la inflamación (Rubor, calor, tumefacción, impotencia funcional y dolor) y la artrosis es un proceso degenerativo, sin inflamación.

Codo de golfista. Además de deportistas, afecta a gente con trabajos repetitivos de brazos.

Codo de golfista es el nombre vulgar que se le da a la epitrocleitis. La epitrocleitis consiste en la inflamación de una serie de músculos que tiene su origen en un lugar concreto del húmero (brazo), la epitróclea, algunos autores, le dan el nombre de epicóndilo medial.

 

En el extremo final del húmero existe dos prominencias óseas, una interna llamada epitróclea o epicóndilo medial según autores, y otra externa llamada epicóndilo o epicóndilo lateral. En este resalte óseo interno, nacen una serie de músculos, que de forma genérica van a recibir el nombre de flexores, por su acción sobre el codo. Estos músculos son: Pronador Redondo, Palmar mayor, Palmar menor, Flexor común superficial de los dedos, Cubital anterior.

Se tratan de músculos biarticulares, es decir que atraviesan dos articulaciones y por tanto realizan una acción en cada una de ellas, sin entrar en detalles, son flexores de codo y flexores de muñeca.

Se le llama codo de golfista, porque es una patología muy frecuente en este deporte, pero no sólo la pueden padecer los jugadores de golf, cualquier persona que lleve a cabo trabajos repetitivos solicitando en exceso la flexión de codo, puede padecerla. Las causas más frecuentes son estas:

–       Movimientos repetitivos: uso de taladradoras, martillos, limpiar cristales, barrer, fregar, planchar, cargar maletas…

–       Vibración: Trabajar con maquinaria que emite potentes vibraciones que son trasmitidas y amortiguadas por el codo, martillos neumáticos, hachas en carnicerías, taladradoras

–       Traumatismos: por caídas o golpes directos sobre la zona.

–       Cargar excesivo peso: aumenta la tensión en los músculos de la zona.

–       Mala técnica deportiva: Un gesto deportivo, mal hecho y repetivo, con mucha fuerza puede ocasionar la aparición de este problema en pocos días. Añadiremos aquí también que un material deportiva induce a padecer antes estos problemas.

–       Problema cervical: posible dolor referido, neuralgia cervico-braquial.

Como se puede apreciar, los mecanismos de producción son los mismos que en epicondilitis, esto se debe a que los movimientos de este tipo suelen solicitar tanto la flexión como la extensión a partes iguales, y por tanto pueden aparecer epicondilitis o epitrocleitis e incluso las dos.

Clínica:

El paciente presenta dolor a nivel de la epitróclea, de aparición paulatina que se incrementa con la flexión de muñeca y dedos en contra resistencia. Hay dolor a la palpación local en la zona. En ocasiones este dolor puede irradiarse distalmente hacia el antebrazo. Existen una serie de pruebas que sirven para apoyar el diagnóstico. Se pide al paciente que con el codo flexionado haga una extensión de palma de la mano contra fuerte resistencia, si aparece dolor en epicóndilo, la prueba es positiva. Ahora le pedimos que haga lo mismo pero se hace una flexión, si aparece dolor, la prueba es positiva para epitrocleitis

La RMN, La ecografía y los Rx, pueden complementar el diagnóstico.

Tratamiento:

Evitar las cargas excesivas de trabajo sobre la zona, corregir los malos gestos, evitar los movimientos repetitivos. Si comienzan a aparecer los síntomas propios de la enfermedad, colocar hielo tras la actividad, acordarse de calentar bien la zona y realizar estiramientos sobre todo al terminar.

Si no resulta suficiente hay que acudir a la fisioterapia, mediante la utilización de medidas antinflamatorias y terapia manual, los resultados pueden ser muy buenos, hasta la curación total, en pocas sesiones.

En caso de fracaso de las medidas preventivas y las rehabilitadoras, habrá que recurrir a los tratamientos médicos cruentos como las infiltraciones de corticoides o de factor de crecimiento.

La importancia de este cuadro radica en primer lugar en la necesidad diaria e inevitable de tener que usar los brazos en todas nuestras actividades de la vida diaria y la articulación del codo, es imprescindible mantenerla en buenas condiciones. Si no se corrige a tiempo y la inflamación progresa hasta proceso crónico, podemos encontrarnos que como consecuencia de un proceso inflamatorio mantenido, las fibras musculares pueden ser sustituidas por depósitos de calcio, se calcifica el tendón, la única solución ante esto, si la tuviera, es la cirugía de limpieza.

Como ocurre muchas veces con las tendinitis, son dolorosas pero en fases iniciales no incapacitantes, no se les presta atención hasta que el dolor es insoportable o la impotencia funcional invalidante. Tendemos a dejar que las cosas curen solas, es un error muy común.

El codo de tenista no sólo afecta a deportistas. Es más común de lo que parece.

Codo de tenista es el nombre vulgar que se le da a la epicondilitis. La epicondilitis consiste en la inflamación de una serie de músculos que tiene su origen en un lugar concreto del húmero (brazo), el epicóndilo.

En el extremo final del húmero existe dos prominencias óseas, una interna llamada epitróclea o epicóndilo medial según autores, y otra externa llamada epicóndilo o epicóndilo lateral. En este resalte óseo externo, nacen unos músculos que se van a extender hasta la mano. Los músculos radiales 1º y 2º, extensor común de los dedos y cubital posterior, de forma genérica llamados extensores del codo, son los implicados en este caso.

Se tratan de músculos biarticulares, es decir que atraviesan dos articulaciones y por tanto realizan alguna acción sobre ambas. Por una lado son extensores del codo y por otro extensores de la mano y los dedos.

Se le llama codo de tenista, porque es una patología muy frecuente en este deporte, pero no sólo la pueden padecer los tenistas, cualquier persona que lleve a cabo trabajos repetitivos solicitando la extensión de codo, puede padecerla. Las causas más frecuentes son estas:

–       Movimientos repetitivos: uso de taladradoras, martillos, limpiar cristales, barrer, fregar, planchar, cargar maletas…

–       Vibración: Trabajar con maquinaria que emite potentes vibraciones que son trasmitidas y amortiguadas por el codo, martillos neumáticos, hachas en carnicerías, taladradoras

–       Traumatismos: por caídas o golpes directos sobre la zona.

–       Cargar excesivo peso: aumenta la tensión en los músculos de la zona.

–       Mala técnica deportiva: Un gesto deportivo, mal hecho y repetivo, con mucha fuerza puede ocasionar la aparición de este problema en pocos días. Añadiremos aquí también que un material deportiva induce a padecer antes estos problemas.

–       Problema cervical: posible dolor referido, neuralgia cervico-braquial.

Por tanto, la solicitación excesiva de estos músculos, la transmisión de vibraciones constantes, los golpes directos y un mal gesto técnico van a provocar el progresivo deterioro de las fibras musculares y tendinosas de este grupo muscular.

Clínica:

Dolor intenso en la zona, tanto al contraer estos músculos, como al presionar sobre la zona, el dolor puede ser tan intenso que puede impedir la extensión total del codo, dificultar coger objetos y realizar trabajos con ese brazo. El dolor se puede extender desde el lugar de origen, el epicóndilo hasta la mano.

El resto de clínica es la propia de las inflamaciones, el aumento del diámetro de los tendones, la irritación de la zona, el aumento de temperatura local, el dolor, la impotencia funcional.

Tratamiento:

Evitar las cargas excesivas de trabajo sobre la zona, corregir los malos gestos, evitar los movimientos repetitivos. Si comienzan a aparecer los síntomas propios de la enfermedad, colocar hielo tras la actividad, acordarse de calentar bien la zona y realizar estiramientos sobre todo al terminar.

Si no resulta suficiente hay que acudir a la fisioterapia, mediante la utilización de medidas antinflamatorias y terapia manual, los resultados pueden ser muy buenos, hasta la curación total, en pocas sesiones.

En caso de fracaso de las medidas preventivas y las rehabilitadoras, habrá que recurrir a los tratamientos médicos cruentos como las infiltraciones de corticoides o de factor de crecimiento.

La importancia de este cuadro radica en primer lugar en la necesidad diaria e inevitable de tener que usar los brazos en todas nuestras actividades de la vida diaria y la articulación del codo, es imprescindible mantenerla en buenas condiciones. Si no se corrige a tiempo y la inflamación progresa hasta proceso crónico, podemos encontrarnos que como consecuencia de un proceso inflamatorio mantenido, las fibras musculares pueden ser sustituidas por depósitos de calcio, se calcifica el tendón, la única solución ante esto, si la tuviera, es la cirugía de limpieza.

Como ocurre muchas veces con las tendinitis, son dolorosas pero en fases iniciales no incapacitantes, no se les presta atención hasta que el dolor es insoportable o la impotencia funcional invalidante. Tendemos a dejar que las cosas curen solas, es un error muy común.