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Lumbalgia por artrosis o espondiloartrosis.

La artrosis vertebral, recibe también el nombre de espondiloartrosis, constituye un proceso de carácter degenerativo, sin inflamación que puede afectar a la columna de forma generalizada o sólo a un segmento de la misma, denominándose en ese caso con el nombre de la zona comprometida, artrosis cervical, dorsal o lumbar.

La espondiloartrosis puede ser perfectamente asintomática, no dejándose ver hasta la realización de una radiografía de rutina que poco tenga que ver con un dolor de espalda. La forma de presentación de una espondiloartrosis es muy variable y se da con mayor frecuencia en las zonas de la espalda con mayor movilidad. Cuando hablamos de procesos degenerativos que asientan en la columna, tenemos que hablar también de degeneración de los discos intervertebrales.

Deterioro discal:

El disco intervertebral sufre un proceso involutivo con el paso de los años, va deteriorándose, lo que supone cambios en su estructura, morfología y propiedades iniciales. A partir de los 50 años, casi todas las personas presentan hallazgos radiológicos de degeneración discal. Esto puede considerarse como algo normal, siempre que no aparezca dolor, ni limitaciones en el movimiento. Como ya se mencionó anteriormente, su prevalencia es mayor en aquellas zonas de la columna donde hay mayor movilidad, es decir, zona lumbar baja y últimas vértebras cervicales. Con el paso de los años, hay una proliferación de colágeno en el interior del disco y una disminución del contenido de proteínas en el contenido tipo gel del núcleo pulposo, todo esto hace que el gel se transforme en semilíquido y que haya menos cantidad de la debida, en consecuencia se produce una disminución de su resistencia frente a las cargas.

La pérdida de contenido del núcleo pulposo con el paso de los años tanto por lesión como por deshidratación natural por la vejez, constituye uno de los principales causante de la disminución de talla con los años.

Las alteraciones básicas del disco son:

–       Fisuración y deformación del núcleo pulposo y del anillo fibroso.

–       Degeneración fibrilar del cartílago hialino de la placa de cartílago.

–       Esclerosis del hueso subcondral y formación de osteofitos.

Daños en tejidos adyacentes:

Como consecuencia de las alteraciones que se producen en la estructura anatómica, aparecerán alteraciones de las estructuras cercanas, si por ejemplo se produce el hundimiento de una parte del disco intervertebral, los ligamentos de esa parte estarán acortados y los de la parte contraria estirados en exceso, igual ocurrirá con la musculatura. Defectos en la altura entre vértebras pueden ocasionar pinzamientos, subluxaciones de las articulaciones interapofisarias (entre vértebras). En cualquier caso, las alteraciones más importantes suelen darse a nivel neurológico, la formación de osteofitos, o la salida del contenido del disco y la alteración de altura de las vértebras pueden ocasionar la irritación, la compresión o la sección de un nervio periférico o de la mismo médula dependiendo hacia donde se dirijan las alteraciones.

Osteofitos:

Es el signo más evidente de la aparición de artrosis. Son protuberancias óseas que se forman como consecuencia de la degeneración de la superficie de la vértebra, tienen forma triangular, como de pico de loro, inicialmente tiene una trayectoria horizontal y luego vertical, el gran problema de su aparición es que se suelen colocar entre las vértebras y pueden aplastar algún nervio u otra estructura cercana.

Clínica:

Va a depender de la gravedad de las lesiones anatómicas, si existen graves deformaciones de la vértebra, del disco, con herniaciones, con osteofitos, es probable que exista clínica de intenso dolor y alteraciones neurológicas, con pérdida de sensibilidad y disminución de fuerza de los músculos inervados por esa raíz, o también puede ser indolora en fases iniciales, por lo que es importante hacer una valoración radiológica que detalle la gravedad de la lesión y una valoración de la movilidad y la fuerza y una valoración neurológica.

Es por ello que habrá que realizar una valoración de cada uno de los movimientos, flexión-extensión, lateralizaciones y rotaciones y observar si hay gestos de dolor, si hay limitaciones de movimiento, alguna deformidad. Se observa igualmente posibles pérdidas de fuerza, las alteraciones de la sensibilidad, en casos más graves si hubiera pérdida en el control de esfínteres y demás signos propios del daño neurológico.

Como se decía con anterioridad, los signos de artrosis de columna, se observan en radiología simple, pero se pueden completar con TAC o RMN para detallar la gravedad de una herniación por ejemplo, o la integridad de la médula.

Objetivos:

Los objetivos de las intervenciones terapéuticas serán, puesto que se trata de procesos degenerativos que no tienen curación absoluta:

–       Aliviar el dolor, o bien mediante analgésicos de diferentes escalones, 1er escalón analgesia (Metamizol, Paracetamol, AINES, 2º escalón (tramadol) 3er escalón (mórficos y derivados)o con medidas físicas (termoterapia local, masajes descontracturantes, movilizaciones pasivas).

–       Prevenir mayor tensión o lesión de las articulaciones afectadas. Ejercicios de elastificación de la columna, estiramientos musculares,

–       Recuperación de la capacidad funcional. Ejercicios de potenciación, suaves y progresivos.

–       Correción postural, enseñar como se deben hacer los esfuerzos de la vida cotidiana, higiene postural, consejos sobre ergonomía.

El fracaso de las medidas analgésicas tanto físicas como farmacológicas, los AINEs, los ejercicios diversos de flexibilidad, estiramientos, potenciación y refuerzo, el uso de fajas lumbares de prevención, corrección de posturas, sigue sin ser eficaz y el dolor continúa progresando, o existe compromiso neurológico desde el primer momento, se debe plantear la cirugía.