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Los refuerzos laterales de la rodilla. Ligamento lateral interno y externo

La rodilla es una de las articulaciones más complejas de nuestro organismo, aunque a priori no lo parezca por la sencillez de su movimiento, únicamente permite flexionar y extender y un grado mínimo de rotación. Estructuralmente la rodilla está preparada para moverse en todos los planos posibles, se podrían producir desplazamientos laterales de la tibia sobre el fémur, rotaciones amplias y por supuesto la flexión y la extensión. Sin embargo existen una serie de ligamentos que refuerzan la articulación y que limitan sus movimientos.

Ligamento lateral interno

 Este ligamento se extiende desde la parte inferior e interna del fémur hasta la porción proximal e interna de la tibia, una porción de este ligamento se fusiona con la cápsula articular y el menisco interno. Aproximadamente tiene unos 10 cm de longitud, es un ligamento plano, acintado, bien vascularizado.

Su objetivo al igual que el lateral externo, es limitar los desplazamientos laterales de la tibia sobre el fémur, en este caso limita los desplazamientos hacia fuera de la tibia, el valgo excesivo. Por tanto los movimientos que desplacen en exceso la tibia hacia fuera, pueden causar la lesión de este ligamento.

La lesión de un ligamento se considera esguince, grado I (ligera distensión), grado II (rotura de microfibras), grado III (rotura absoluta). Existe una patología con nombre propio, que consiste en la osificación (transformación en hueso por depósito de calcio) del ligamento, Síndrome de Pellegrini- Stieda.

Clínica:

Muy similar a la de cualquier esguince, con inflamación de la zona, con dolor de moderado a intenso en la cara interna, con sensación de dificultad para mover la rodilla, sensación de que la “rodilla se abre” si el ligamento es incompetente, bloqueo de rodilla si hay derrame intraarticular.

Diagnóstico:

Si conocemos el mecanismo de la lesión, observamos la rodilla y su aspecto y realizamos el test en varo y comprobamos como esa articulación se abre en exceso, podemos asegurar que hay lesión del ligamento lateral interno. Se pueden realizar radiografía en estrés, forzando ese movimiento en varo para observar la apertura de la articulación, pero sin duda la prueba que nos va a evidenciar el grado de lesión será la Resonancia.

Tratamiento:

Si estamos ante una lesión grado III con desgarro total del tejido ligamentosa, sólo queda como opción la cirugía de reconstrucción. Si la lesión es leve o moderada, la fisioterapia es el tratamiento indicado con terapias de contención de la inflamación como la crioterapia, vendajes compresivos, drenajes; terapias antiálgicas como electroterapia, ultrasonidos, masajes de la zona; Finalmente se procede a recuperar la zona lesionada con técnicas como el masaje de cyriax que mejora la circulación de la zona, realinea el tejido conjuntivo, deshace cicatrices y acelera la recuperación del ligamento. Si quedaran alteraciones del equilibrio, se realizarán trabajos de refuerzo muscular y propiocepción.

Ligamento lateral externo

 Este ligamento transcurre desde la cara externa e inferior del fémur hasta la cara exterior y superior del peroné. Su forma es cordonal por lo que se trata de un ligamento poco vascularizado. Es fácilmente palpable si colocamos la pierna en posición de 4, a nivel de la interlínea articular.

La función de este ligamento es la de limitar el deslizamiento de la tibia sobre el fémur hacia dentro,  ayuda a la estabilidad lateral de la rodilla junto a ligamento interno. No se encuentra adherido a ninguna estructura interna.

La lesión de un ligamento se considera esguince, grado I (ligera distensión), grado II (rotura de microfibras), grado III (rotura absoluta)

El mecanismo de lesión más frecuente es un movimiento que fuerce en valgo la rodilla en exceso, provocará la distensión o la rotura del ligamento. Un traumatismo directo de gran intensidad también puede lesionar el ligamento.

Clínica:

 Muy similar a la de cualquier esguince, con inflamación de la zona, con dolor de moderado a intenso en la cara externa, con sensación de dificultad para mover la rodilla, sensación de que la “rodilla se abre” si el ligamento es incompetente, bloqueo de rodilla si hay derrame intraarticular.

Diagnóstico:

 Igual que en el Ligamento interno, clínica de lesión ligamentosa y la diferencia en este caso es que la prueba que pone en evidencia la incompetencia del ligamento no es en varo, es forzar el valgo. La radiografía en estrés forzando el valgo y la Resonancia finalmente nos darán el grado de lesión.

Tratamiento:

 Nuevamente si hay destrucción total del ligamento habrá que recurrir a la cirugía para recomponerlo. En las lesiones leves o moderadas, en las etapas tempranas se tratará de contener la inflamación con las medidas ya conocidas y el control del dolor con el repertorio de medias físicas y farmacológicas necesarias. Hay que destacar que al tratarse de un ligamento cordonal y disponer de menor vascularización que un ligamento acintado, la rehabilitación no es tan sencilla, los procesos se alargan, aunque el tratamiento será muy similar. Si después del proceso de recuperación del tejido lesionado quedara inestabilidad en la rodilla, se procede a trabajar el equilibrio y potenciar los músculos cercanos para reforzar la zona.

¿Sabías que muchos dolores musculares de la espalda, se deben a enfermedades del pie?

Recientes estudios han demostrado que alteraciones en el pie, pueden ocasionar desajustes en el equilibrio y por tanto alteraciones de la postura, en primer lugar de los Miembros Inferiores, afectando decisivamente en la estática de la cintura pélvica y en consecuencia de la alinenación de la Columna a todos los niveles.

El pie, es la única estructura de nuestro cuerpo que está en contacto con el suelo, de ellos depende nuestro equilibrio, por eso es tan importante que no existan patologías en los pies.

Cualquier problema de origen óseo, muscular, ligamentoso o articular en el pie, se puede traducir en posturas alteradas,  rodillas en valgo o en varo, dismetrías de Miembros inferiores, posturas antálgicas viciosas que no sólo tendrán efectos negativos sobre la articulación afecta, sino que si nos dirigimos caudalmente, podemos contemplar sus efectos a otros muchos niveles.

Pongamos como ejemplo un esguince de tobillo recidivante, “mal curado”, en los ligamentos de las articulaciones encontramos los llamados propioceptores. Son un tipo especial de receptores de información, como lo son los órganos de los sentidos, que están captando constantemente cual es la posición de nuestro pie respecto al espacio y respecto al resto de nuestro cuerpo. Están continuamente diciéndole a nuestro cerebro como debe situarse la pierna, que músculos se deben contraer y de que forma, para que la posición del pie siempre sea la adecuada.

Cuando se produce la lesión de un ligamento, se daña no sólo el tejido conectivo y vasos sanguíneos, se dañan también estos receptores.

Si la lesión no se recupera debidamente, la información que estos propioceptores recogen es errónea en muchos casos, es decir, informa mal a nuestro cerebro de cual es la posición, induciendo a tomar una mala decisión, orientando mal el pie, equivocando la fuerza muscular y aumentando peligrosamente el riesgo de volver a padecer nuevos esguinces.

Como consecuencia de repetidos esguinces podemos observar no sólo la fijación de ese tobillo, con pérdida de elasticidad, observamos una postura en bloque de todo el Miembro inferior afectado, que trata de evitar nuevas lesiones. Podemos observar mala postura de articulación de la cadera, un mal posicionamiento de la pelvis, con sufrimiento de los ligamentos sacroilíacos, esto puede afectar a la disposición de la columna y traducirse en dolores musculares.

Se da el caso, de pacientes tratados crónicamente con AINEs y relajantes musculares y no encontrar mejoría alguna. Sino atacas la causa no resuelves la consecuencia.

Los pies en el cuerpo humano, son los cimientos de la casa, sin unos buenos cimientos la casa, puede tambalearse. De ahí de la importancia de realizar de llevar a cabo un buen estudio de la pisada, entre otras cosas, para descartar el origen de otras patologías que aparecen distalmente.